El rol de un Dios en una sociedad egoísta y antropocéntrica

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Antes de comenzar debo decir que no deseo ofender tanto a aquellos que son creyentes como los que no lo son. Pero llama mucho la atención como la idea e interpretación de una presencia divina intenta hacerse paso en una sociedad donde los valores truncados impiden ver en realidad lo que tanto se predica y tan poco se práctica.

Un sabio alguna vez dijo. “Existe un 50% de posibilidades de que Dios exista y un 50% que no. Ante las dudas me quedo con la primera opción”.

Estoy de acuerdo con que los porcentajes son bastante acertados, pero no estoy dispuesta a basar mi vida en una duda constante. El ser humano necesita respuestas, certezas. Quizá yo encarne al modelo humano del egoísmo, ese que cree en el valor humano tangible y no da espacio a otra cosa. Tan como aquel sabio antiguo doy el beneficio de la duda, pero cada día me es más difícil comprender lo que 14 años de formación en colegio católico me entregaron.

EL Marketing divino

Hoy Dioses hay por montones, cada uno ideado especialmente para cada grupo de personas. Y tiende usarse a conveniencia para justificar acciones humanas. Hoy hay Dios para la guerra, para los vicios, etc. Para toda aquella situación a la que se expone el hombre confiado en que más tarde recibirá el perdón divino donando los pesos del vuelto en el supermercado.

Vivimos entre un complejo organigrama de roles confusos. Todos somos (consciente o inconscientemente) pequeños o grandes dioses, pequeños, grandes y a veces enormes pecadores. Ser un humano en el siglo XXI no es más que crearse una religión propia a medida de creencia, posibilidades y necesidades.

La religión organizada, por más que el fundamentalismo se haga cada vez más presente, se está convirtiendo en un privilegio de pocos que tienen el don de la fe, que son capaces de mirar más allá de lo básico y de entregar su vida a una certeza ciega.

Qué nos depara el futuro de las religiones ya sea histórico o moralmente. Cuántas nacen y mueren por minuto tal como humanos aparecen en el mundo. Yo prefiero seguir viviendo en incertidumbre aprovechando la desfachatez del no creer.

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One Response to “El rol de un Dios en una sociedad egoísta y antropocéntrica”

  1. Luis Alejandro Bello Langer Says:

    Libre albedrío. Hay quienes se manejan más en el ámbito de la constante y ciega fe, mientras que otros preferimos las certezas y las actitudes consecuentes; no puedo entender a un dios que se dice de amor, pero que permite que miles de inocentes mueran en tragedias naturales…o a otra divinidad que deja sin más ni más que fanáticos suyos atenten contra los infieles.

    En tiempo de Saulo de Tarso, ya rebautizado como Pablo, fue a Atenas y les habló del dios que le había transformado tomándose de la veneración que los griegos tenían por el “dios no conocido”. Hay quienes afirmaron, a finales del Siglo XIX, como Nietzche, que “Dios ha muerto”; claramente no ha sido así…pero cada quien lo pone en su respectiva lista de prioridades.

    Saludos afectuosos, de corazón.

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